A veces pasa que apreciar el atardecer puede convertirse en la nave del tiempo que transporta historias, sonrisas, lugares, miradas, olores, sabores...puede leerse como melancolía... quizá lo sea, la diferencia está en agradecer la bondad del sentimiento, sonreír, soltar y confluir en otras historias que potencien la propia identidad.
Mirar la historia con amor y fluir con boleros del ayer

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