En
la Cigarra, Mercedes Sosa canta: “tantas veces me mataron, tantas veces me
morí, y sin embargo estoy aquí, resucitando”… Así empiezo este auto relato, a
manera de resignificación personal con el interés de seguir respondiendo a lo
que por años he venido reinventando, construyendo y asumiendo.
Esta
historia inicia con retazos de memoria, quisiera ser lineal en el tiempo
cronológico al narrar los hechos, pero al sentarme y querer enlazar ideas,
resulta difícil traer toda la historia con lujo de detalles a este fragmento de
papel. Aquí Funes me sorprende con la exactitud de los detalles en su cuento. Me
resulta alucinante la fidelidad en los pormenores que le otorga al hecho de
observar la tarde que describe.
A
cambio, recuerdo con especial interés que mi abuelo materno, Marco, insistía
mucho en que no viéramos televisión a deshoras, sólo cuando él lo disponía, y
ese era el horario de las noticias, a las 7 de noche, luego, veíamos el
noticiero Quac con Jaime Garzón, todos los miembros de la familia que veíamos
esas dos horas de televisión disfrutábamos de las chanzas y personajes de Jaime,
ese fue mi motor al decidir que quería salvar el mundo, tema ambicioso pero
motivador en ese entonces.
Parafraseando
a Jelin al mencionar que la memoria es subjetiva anclada en experiencias y
marcas simbólicas, materiales y significativas, retorno a esa época de mi
adolescencia cuando vivía en casa de mis abuelos maternos y gracias al hábito
de escuchar noticias radiales y ver las noticias de la noche en televisión me
entusiasmé en estudiar comunicación porque en ese entonces, creía en la labor
que desempeñaban los periodistas y me parecía magnífico todo lo que narraban
mientras estaban en una pantalla o en el radio de mi abuelo, me parecía
divertido las risas que nos sacaba Jaime Garzón y ese fue uno de mis referentes
periodísticos a seguir. Para ese entonces no era claro, hoy, mirando en
retrospectiva, sí. No es que siguiera a Jaime Garzón el comediante, sino que su
labor periodística social y política me inspiraba, y de algún modo quería ser
como él.
Este
ejercicio de auto narrarse resultó ser una pieza más de este rompecabezas que
he venido construyendo. Me tomó varias auto lecturas para ser honesta conmigo
misma y descubrir el por qué, una joven del campo en una época en la que se
tenía poco acceso a la ciudad, quería estudiar una carrera que difícilmente su
familia podría patrocinar, es cierto que en estas líneas no voy a dar lujo de
detalles de todo lo que ha sido el trasegar académico, laboral y profesional
que he caminado, pues necesitaría más
tiempo del estipulado para el ejercicio como tal.
Al
terminar mi año escolar como bachiller académico, decidí salir de mi casa y
buscar otros horizontes académicos y laborales, era claro que la situación
económica en mi hogar no daba para ofrecerme la posibilidad de estudiar en la
universidad y ese era uno de mis propósitos desde tiempo atrás, cuando empecé a
tener amigos mucho mayores que yo y gran parte de ellos estaban terminando sus
estudios universitarios, recuerdo que sus historias me parecían interesantes y
me imaginaba en otros círculos respondiendo a una vida universitaria y
profesional como la de mis amigos de ese entonces.
Entre
tantos retazos de memoria puedo recalcar que he sido afortunada al rodearme de
seres generosos que han confiado en mí, en mis capacidades y talentos y han
patrocinado o me han garantizado los medios para que pueda realizar estudios,
trabajos y demás, ello hace relación al capital
social en términos de Bourdie; estar donde estoy no habría sido posible sin
el impulso que me ofreció doña Inés, una dama mayor que me acogió en su casa
durante toda mi carrera universitaria y con su paciencia, amor, ternura y
cultura contribuyó para que yo me puliera como mujer, como profesional y como
ser responsable de la vida. Ella aparece en mi vida a cambio de mi servicio en
su hogar como cuidadora de su hijo menor,
un “ser especial” que padecía ataques epilépticos, fue providencial conocer a
esta familia y rodearme de otras personas con otras perspectivas de vida, ello
inspiró otros intereses en mi vida y me brindó otras oportunidades.
Gracias
a doña Inés pude acceder a las becas por compensación de la Universidad de
Caldas, pues ella era amiga del doctor Carlos Enrique Ruiz, quien era nuestro
vecino, rector en ese entonces de la universidad, y veía con agrado el que yo
trabajara y estudiara a la vez, motivo que lo llevó a postularme a la beca
desde cuarto semestre de comunicación en radio y televisión y así terminé
siendo una de las beneficiadas del programa.
Ahora
bien, este camino también ha traído espinas, situaciones dolorosas que con la
mirada sabia de los años me han permitido ser una mujer fuerte, decidida,
aguerrida y autónoma en mis asuntos, desde que tengo la oportunidad de
resignificarme he ido juntando las piezas de este rompecabezas, incluso como lo
hizo Leonard en la película Memento, sacando de lo más recóndito recuerdos,
episodios significativos, sin seleccionar buenos
de malos; si no, simplemente trayéndolos al presente tal
cual lo enunció Jelin, “la memoria es obstinada no se resigna a quedar en el
pasado, insiste en su presencia”. Una cosa es recordar, tomar aire, sonreír y
seguir, y otra es escribir, narrar hechos como una cadena secuencial de
historias, en ese sentido sería mucho más complejo el acto de narrar, porque
vivimos en una realidad que pareciera no serlo, incluso puede verse como
enredada, es decir, en el día a día no hay un orden ideal de lo que se vive; evolutiva
y culturalmente hemos aprendido a caminar, comer, tener experiencias y esperar
la muerte, pero es un misterio qué debe ser primero, si los hechos vividos
debieran ser narrados de un modo particular, o sea, las historias cobran mayor
trascendencia por el toque decorativo, descriptivo, literario, ameno,
interesante que cada narrador le impregne, porque si se hace el ejercicio de
simplemente contar la historia como ocurrió, ésta podría pasar desapercibida,
es con el lenguaje con el que le damos poder a la historia, la hacemos sublime
o nefasta, la coloreamos de la manera cómo queremos que se lea. Por ello me
parece que el simple hecho de narrar, no es tan simple, requiere de maestría en
el uso del lenguaje, códigos, significados.
Luego
de terminar estudios universitarios, tener mis primeros empleos, unos mejores
que otros, continuar estudios de especialización con la ilusión de acceder a un
mejor cargo laboral, con mejores condiciones de contratación, en fin; las
oportunidades parecían, de algún modo, más estrechas o mínimas, ese sí fue el
episodio fuerte, el que me hizo empezar una revolución desde el ser, a
formularme de muchas maneras el ¿para qué estoy, donde estoy, cuál es mi grado
de responsabilidad frente a las circunstancias que vivo?, y la recurrente pregunta
de ¿Quién soy? Sencilla y profunda cuestión…
Recuerdo
que una larga temporada de desempleo asociada a una crisis existencial hizo que
cogiera mis pedazos de historia y emprendiera mi cruzada de reinvención, fue
así como empecé a indagar en el movimiento del cuerpo, a través de la danza experimental, una fusión entre danza árabe,
flamenco, yoga y meditación, cada encuentro con mi cuerpo era una oportunidad
de reconocerme y experimentarme de una manera diferente a como me había pensado
en momentos del pasado, descubrí entonces que el cuerpo tiene memoria, que mi
geografía física me llevaba a una conexión con el aire, el fuego, la tierra y
el agua, que re-descubrirme se me hacía hermoso y me gustaba esa sensación de
empoderamiento personal a solas. Diálogos permanentes con Jung, Jodorowsky,
Freud, Zuleta, Fromm entre otros, me hicieron sacar a la luz la sombra que me
adormecía, me regalaron otra mirada a la esperanza y ello se fortaleció con la
práctica constante de meditación Vipassana, una técnica de meditación budista
con la que me conecté a mediados del 2010.
Este
reencontrarme a través del cuerpo y la meditación me han permitido
re-direccionar mis sueños y comprender
que una cosa era lo que me imaginaba y añoraba desde el ego cuando estaba
estudiando en la universidad y quería salvar el mundo, y otra lo que realmente
ocurrió. Para empezar, nadie salva el mundo solo, lo que sí se puede hacer es
contribuir con el accionar responsable, respetuoso, amoroso y humano a que el
micro mundo cambie, ese es el granito de arena que cada cual procura aportar
desde el sentir y el hacer. Pero salvar el mundo sola, era una falsa ilusión
que había construido a raíz de deseos poco realistas del pasado.
Hoy
por hoy, sigo amando mi carrera, le he sabido sacar provecho a la experiencia
laboral, he aprendido a bucear en este mar de turbulencias, de mareas altas y
bajas, he ido comprendiendo que lo que necesitamos es desarrollar labores
apasionadamente, inyectando amor y humanismo a lo que hacemos, esparciendo
fraternidad y generosidad para poder contribuir con ese mundo mejor y posible
que muchos soñamos y por el que trabajamos. La comunicación me ha permitido
llevar sueños de otros seres a otras esferas de la vida. Me he asumido como una
comunicadora responsable, concepto que he ido cultivando a lo largo de mis años
de descontento con lo que el mundo comercial ofrece frente al profesionalismo
de cada ser egresado de cualquier universidad. En este trabajo personal de
reinventarme a nivel emocional, espiritual, laboral y profesional he ido
aprendiendo que lo más importante es identificar el propósito de existencia
articulado al rol profesional que escogí, a estas alturas del camino no peleo
con las circunstancias que la vida y yo proponemos, asumo los retos como una
oportunidad maravillosa de aprendizaje y de valor para tomar decisiones, esta
es la manera de empoderarme como mujer y profesional.
Entonces
en la actualidad me declaro una mujer, feliz, amada y aceptada, responsable del
rol que asumí como profesional; mi experiencia laboral y el resignificarme ha
sumado puntos para apasionarme como danzarina experimental, como facilitadora
de lectoescritura en diversos círculos, como docente tutora en algunas universidades y consultora en procesos de responsabilidad social.
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