jueves, 3 de diciembre de 2015

Un viaje a través de la memoria personal



En la Cigarra, Mercedes Sosa canta: “tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y sin embargo estoy aquí, resucitando”… Así empiezo este auto relato, a manera de resignificación personal con el interés de seguir respondiendo a lo que por años he venido reinventando, construyendo y asumiendo.

Esta historia inicia con retazos de memoria, quisiera ser lineal en el tiempo cronológico al narrar los hechos, pero al sentarme y querer enlazar ideas, resulta difícil traer toda la historia con lujo de detalles a este fragmento de papel. Aquí Funes me sorprende con la exactitud de los detalles en su cuento. Me resulta alucinante la fidelidad en los pormenores que le otorga al hecho de observar la tarde que describe.

A cambio, recuerdo con especial interés que mi abuelo materno, Marco, insistía mucho en que no viéramos televisión a deshoras, sólo cuando él lo disponía, y ese era el horario de las noticias, a las 7 de noche, luego, veíamos el noticiero Quac con Jaime Garzón, todos los miembros de la familia que veíamos esas dos horas de televisión disfrutábamos de las chanzas y personajes de Jaime, ese fue mi motor al decidir que quería salvar el mundo, tema ambicioso pero motivador en ese entonces.

Parafraseando a Jelin al mencionar que la memoria es subjetiva anclada en experiencias y marcas simbólicas, materiales y significativas, retorno a esa época de mi adolescencia cuando vivía en casa de mis abuelos maternos y gracias al hábito de escuchar noticias radiales y ver las noticias de la noche en televisión me entusiasmé en estudiar comunicación porque en ese entonces, creía en la labor que desempeñaban los periodistas y me parecía magnífico todo lo que narraban mientras estaban en una pantalla o en el radio de mi abuelo, me parecía divertido las risas que nos sacaba Jaime Garzón y ese fue uno de mis referentes periodísticos a seguir. Para ese entonces no era claro, hoy, mirando en retrospectiva, sí. No es que siguiera a Jaime Garzón el comediante, sino que su labor periodística social y política me inspiraba, y de algún modo quería ser como él.

Este ejercicio de auto narrarse resultó ser una pieza más de este rompecabezas que he venido construyendo. Me tomó varias auto lecturas para ser honesta conmigo misma y descubrir el por qué, una joven del campo en una época en la que se tenía poco acceso a la ciudad, quería estudiar una carrera que difícilmente su familia podría patrocinar, es cierto que en estas líneas no voy a dar lujo de detalles de todo lo que ha sido el trasegar académico, laboral y profesional que he caminado, pues necesitaría más  tiempo del estipulado para el ejercicio como tal.

Al terminar mi año escolar como bachiller académico, decidí salir de mi casa y buscar otros horizontes académicos y laborales, era claro que la situación económica en mi hogar no daba para ofrecerme la posibilidad de estudiar en la universidad y ese era uno de mis propósitos desde tiempo atrás, cuando empecé a tener amigos mucho mayores que yo y gran parte de ellos estaban terminando sus estudios universitarios, recuerdo que sus historias me parecían interesantes y me imaginaba en otros círculos respondiendo a una vida universitaria y profesional como la de mis amigos de ese entonces.

Entre tantos retazos de memoria puedo recalcar que he sido afortunada al rodearme de seres generosos que han confiado en mí, en mis capacidades y talentos y han patrocinado o me han garantizado los medios para que pueda realizar estudios, trabajos y demás, ello hace relación al capital social en términos de Bourdie; estar donde estoy no habría sido posible sin el impulso que me ofreció doña Inés, una dama mayor que me acogió en su casa durante toda mi carrera universitaria y con su paciencia, amor, ternura y cultura contribuyó para que yo me puliera como mujer, como profesional y como ser responsable de la vida. Ella aparece en mi vida a cambio de mi servicio en su hogar como cuidadora de su hijo menor, un “ser especial” que padecía ataques epilépticos, fue providencial conocer a esta familia y rodearme de otras personas con otras perspectivas de vida, ello inspiró otros intereses en mi vida y me brindó otras oportunidades.  

Gracias a doña Inés pude acceder a las becas por compensación de la Universidad de Caldas, pues ella era amiga del doctor Carlos Enrique Ruiz, quien era nuestro vecino, rector en ese entonces de la universidad, y veía con agrado el que yo trabajara y estudiara a la vez, motivo que lo llevó a postularme a la beca desde cuarto semestre de comunicación en radio y televisión y así terminé siendo una de las beneficiadas del programa.  

Ahora bien, este camino también ha traído espinas, situaciones dolorosas que con la mirada sabia de los años me han permitido ser una mujer fuerte, decidida, aguerrida y autónoma en mis asuntos, desde que tengo la oportunidad de resignificarme he ido juntando las piezas de este rompecabezas, incluso como lo hizo Leonard en la película Memento, sacando de lo más recóndito recuerdos, episodios significativos, sin seleccionar buenos de malos;  si no, simplemente trayéndolos al presente tal cual lo enunció Jelin, “la memoria es obstinada no se resigna a quedar en el pasado, insiste en su presencia”. Una cosa es recordar, tomar aire, sonreír y seguir, y otra es escribir, narrar hechos como una cadena secuencial de historias, en ese sentido sería mucho más complejo el acto de narrar, porque vivimos en una realidad que pareciera no serlo, incluso puede verse como enredada, es decir, en el día a día no hay un orden ideal de lo que se vive; evolutiva y culturalmente hemos aprendido a caminar, comer, tener experiencias y esperar la muerte, pero es un misterio qué debe ser primero, si los hechos vividos debieran ser narrados de un modo particular, o sea, las historias cobran mayor trascendencia por el toque decorativo, descriptivo, literario, ameno, interesante que cada narrador le impregne, porque si se hace el ejercicio de simplemente contar la historia como ocurrió, ésta podría pasar desapercibida, es con el lenguaje con el que le damos poder a la historia, la hacemos sublime o nefasta, la coloreamos de la manera cómo queremos que se lea. Por ello me parece que el simple hecho de narrar, no es tan simple, requiere de maestría en el uso del lenguaje, códigos, significados.

Luego de terminar estudios universitarios, tener mis primeros empleos, unos mejores que otros, continuar estudios de especialización con la ilusión de acceder a un mejor cargo laboral, con mejores condiciones de contratación, en fin; las oportunidades parecían, de algún modo, más estrechas o mínimas, ese sí fue el episodio fuerte, el que me hizo empezar una revolución desde el ser, a formularme de muchas maneras el ¿para qué estoy, donde estoy, cuál es mi grado de responsabilidad frente a las circunstancias que vivo?, y la recurrente pregunta de ¿Quién soy? Sencilla y profunda cuestión…

Recuerdo que una larga temporada de desempleo asociada a una crisis existencial hizo que cogiera mis pedazos de historia y emprendiera mi cruzada de reinvención, fue así como empecé a indagar en el movimiento del cuerpo, a través de la danza experimental, una fusión entre danza árabe, flamenco, yoga y meditación, cada encuentro con mi cuerpo era una oportunidad de reconocerme y experimentarme de una manera diferente a como me había pensado en momentos del pasado, descubrí entonces que el cuerpo tiene memoria, que mi geografía física me llevaba a una conexión con el aire, el fuego, la tierra y el agua, que re-descubrirme se me hacía hermoso y me gustaba esa sensación de empoderamiento personal a solas. Diálogos permanentes con Jung, Jodorowsky, Freud, Zuleta, Fromm entre otros, me hicieron sacar a la luz la sombra que me adormecía, me regalaron otra mirada a la esperanza y ello se fortaleció con la práctica constante de meditación Vipassana, una técnica de meditación budista con la que me conecté a mediados del 2010.

Este reencontrarme a través del cuerpo y la meditación me han permitido re-direccionar mis sueños  y comprender que una cosa era lo que me imaginaba y añoraba desde el ego cuando estaba estudiando en la universidad y quería salvar el mundo, y otra lo que realmente ocurrió. Para empezar, nadie salva el mundo solo, lo que sí se puede hacer es contribuir con el accionar responsable, respetuoso, amoroso y humano a que el micro mundo cambie, ese es el granito de arena que cada cual procura aportar desde el sentir y el hacer. Pero salvar el mundo sola, era una falsa ilusión que había construido a raíz de deseos poco realistas del pasado.

Hoy por hoy, sigo amando mi carrera, le he sabido sacar provecho a la experiencia laboral, he aprendido a bucear en este mar de turbulencias, de mareas altas y bajas, he ido comprendiendo que lo que necesitamos es desarrollar labores apasionadamente, inyectando amor y humanismo a lo que hacemos, esparciendo fraternidad y generosidad para poder contribuir con ese mundo mejor y posible que muchos soñamos y por el que trabajamos. La comunicación me ha permitido llevar sueños de otros seres a otras esferas de la vida. Me he asumido como una comunicadora responsable, concepto que he ido cultivando a lo largo de mis años de descontento con lo que el mundo comercial ofrece frente al profesionalismo de cada ser egresado de cualquier universidad. En este trabajo personal de reinventarme a nivel emocional, espiritual, laboral y profesional he ido aprendiendo que lo más importante es identificar el propósito de existencia articulado al rol profesional que escogí, a estas alturas del camino no peleo con las circunstancias que la vida y yo proponemos, asumo los retos como una oportunidad maravillosa de aprendizaje y de valor para tomar decisiones, esta es la manera de empoderarme como mujer y profesional.

Entonces en la actualidad me declaro una mujer, feliz, amada y aceptada, responsable del rol que asumí como profesional; mi experiencia laboral y el resignificarme ha sumado puntos para apasionarme como danzarina experimental, como facilitadora de lectoescritura en diversos círculos, como docente tutora en algunas universidades y consultora en procesos de responsabilidad social.

Por cierto, hago parte de las mujeres que decidió no tener hijos en su vientre, desde muy joven me asumí como mujer potente sin el rótulo de: me casaré, tendré un hogar, esposo, hijos y demás. Reconozco que soy dedicada en mi rol como compañera, amante y amiga, sin embargo, mi pareja debe compartir la idea de que no nací para parirle hijos a la Patria.  Dentro de mi sentir está amar en libertad sin necesidad de cadenas sociales que atosiguen mi existir.  

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