Empezar una breve reflexión
sobre el título en cuestión, tiene matices particulares en la medida en que
pensemos en nuestros estudiantes, como seres autónomos, libres, dignos de
confianza, seres que van a un claustro académico con la intención de aprender
sobre algo, un oficio para desempeñar sus labores posteriores, o, simplemente
personas que quieren pasar por las aulas de clase y ver cómo es eso de estar educarse.
En ambos casos, lo
pertinente es ver en ese otro lo que la sociedad reclama de la educación;
conocimiento de calidad, individuos éticos y responsables de sí mismos,
comprometidos y empoderados de su quehacer habitual.
Antes de asumir un reto como
tal, es preciso, creo yo, ver al estudiante como el ser dinámico que tiene
curiosidades, saberes aprendidos y otros, camuflados; es ver en cada rostro,
una gran oportunidad para repensar la educación que se ofrece desde el aula. Si
vemos a los estudiantes como el sistema de intereses diversos, sí logramos meternos
en la piel de cada estudiante y leer su cuerpo con mente, razón y corazón;
podemos estar incursionando en una educación sensible, que aborda el
conocimiento con amor y con humanidad.
Los chicos van a clase
porque tienen curiosidades y necesidades intelectuales que aspiran sean
resueltas. Cuando logramos hacernos una idea de qué quieren los estudiantes y
les permitimos ser, dentro de los cánones del estatuto estudiantil, podemos dar
esas pequeñas puntadas en torno a los seres autónomos, críticos y audaces en la
educación de nuestra Colombia.
Si se quiere, se puede ver
el aula como el hogar donde los individuos trascienden su paso vital por la
existencia, allí, todos contribuimos para que el nuevo profesional sea un
sujeto confiable y ante todo, feliz con su producción intelectual, porque ha
comprendido lo valioso de leerse y exponerse en el papel, hacer su impresión
personal del saber aprendido como estudiante.
El reto va más allá de
evaluar por competencias, de asignar notas, sin desconocer la importancia y
pertinencia de las mismas. El reto hace eco en el abordaje de cada estudiante
como el ser que necesita ser leído, escuchado y comprendido, suena muy
romántico, incluso puede parecer ambicioso pero la apuesta ofrece ser creativos
y soñadores a la hora de implementar estrategias de lectura y escritura acordes
con los públicos que se tiene.
Quizá debamos comprender e
interiorizar realmente que el conocimiento sin sentimiento solo puede llegar a
ser vacío y nefasto. Esta es la era en la que la humanidad debe estrechar
vínculos fecundos con la sensibilidad de todos los seres y aprender a convivir
con el sistema de saberes técnicos, ancestrales, místicos, hacer una verdadera
fiesta del conocimiento, articulando lo uno con lo otro y velando por el bienestar
individual con incidencia en lo social, económico y ambiental.
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